Soledad Feliz


En la insoportable soledad de la noche es cuando nacen parte de nuestros mayores temores. Podría ser una afirmación propia de un libro de autoayuda, de una octavilla religiosa captadora de almas. o simplemente del azucarillo que trata de hacernos sacar una sonrisa cafetera de buena mañana. Pero no. Es tan solo el principio de la absoluta certeza que somos animales carentes de raciocinio veraz, almas puramente destructoras de la lógica del paso del tiempo y juguetes del árbol perenne que muchos denominan VIDA. Y como animales que nos representamos ante la adversidad de un mañana carente de sentido, actuamos; plenamente conscientes de que nuestros actos de hoy seran el reflejo de nuestros futuros días. El destino lo es todo decía aquel que halló la paz vikinga en Bebbangburg. Pero yo me pregunto y te pregunto, ¿Hasta dónde estás dispuesto asumir la verdad de tus miedos, tus emociones y tu realidad?. Yo respondo mi parte. En mi universo no cabe la preocupación por aquello que está por llegar, arribar envuelto en desgracia ajena o la desgranada cebolla emocional de los figurantes de mi teatro particular. No. Preocuparse ya del después se asemeja a llorar la muerte de los tuyos antes del suceso mortal: no montemos el tanatorio de nuestra alma estando está virgen del propio descubrimiento de la misma. Si el destino lo es todo pongamos ahora ya el primer vestigio de que este ha llegado a raíz de nuestros propios movimientos de ajedrez: Jaque sin mate, pon mejor un café querida portadora de la guadaña.

La insoportable soledad si. Descuidada y pareja al compás del campanilleo del cascanueces. Tú no lo ves pero la felicidad conlleva sacrificios demasiado absurdos como para plantearse si quiera poder llegar a alcanzarla. Si quieres puedes, pero ¿Qué es lo que puedes querer acaso que no te genere otra ausencia vital para volver a empezar? No tengo respuestas solo percepciones que me da mi experiencia corta y mi cerebro acorazonado. Y con mi propia certeza solo puedo afirmar que la felicidad de los pequeños momentos de mi vida es la que genera mi total estado de muchedad vital, con conejos blancos que van tarde, niños perdidos buscando una madre que tarde o temprano encontrarán en sus sueños y ante todo, inconsciencia que es la mayor ventaja de la gente soñadora, positiva y con un extraño halo romántico en todo aquello que pienso, siento y digo. 

Observa el comportamiento de un niño. Tiene mucha más lógica que cualquier comportamiento adulto. Ellos y ellas basan toda su existencia en los pequeños momentos: excursiones, meriendas, juegos y momentos de sofá junto a sus padres. Para nada sienten soledad, tristeza duradera ni dolor en su alma como luego los adultos nos empeñamos en acoger en nuestra mesita de noche. Cuando el mecanismo infantil deja de ser inocente y ausente de la consciencia pura de la vida adulta, las alarmas se encienden y el niño pasa a necesitar la ayuda que ningún padre debería ver sufrir a un hijo. Pero basando mi mirada en la suya voy a lanzarte un dardo visual:

Eres y serás siempre el reflejo consciente de tu niño inconsciente. Obsérvalo y plantéate si el momento en el que te encuentras es tan solo un pequeño instante de tu soledad feliz.

El destino lo es todo. Empieza a cambiar tu lugar en él.

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